Arcano III. La Emperatriz - I. Simbolismo

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Temática » Adivinación » Tarot

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Publicado el 1/Mar/2013

Arcano III. La Emperatriz - I. Simbolismo

 

 

Este artículo forma parte de un conjunto mayor, basado en el trabajo de investigación del grupo de Tarot de Ekiria. Este artículo ha sido creado por Arabella, Feldkhon, Oh-Drac-Sir y Tekai.

 

Podéis consultar los artículos de La Emperatriz en los siguientes enlaces:

 

Arcano III. La Emperatriz - I. Simbolismo

http://www.ekiria.org/content/arcano-iii-la-emperatriz-i-simbolismo

Arcano III. La Emperatriz - II. Comparativa entre barajas

http://www.ekiria.org/content/arcano-iii-la-emperatriz---ii-comparativa-entre-barajas

Arcano III. La Emperatriz - III. Correspondencias (próximamente)

http://www.ekiria.org/content/arcano-iii-la-emperatriz---iii-correspondencias

Arcano III. La Emperatriz - IV. Práctica

http://www.ekiria.org/content/arcano-iii-la-emperatriz---iv-practica

 

El movimiento entre los opuestos, la unión de las fuerzas masculina (el Mago) y femenina (Suma Sacerdotisa), ahora a través de la Emperatriz se fusionan en la naturaleza para producir la realidad del universo físico.

 

Representa los aspectos más benignos del arquetipo femenino: la maternidad, el amor, la sexualidad, la emoción... aspectos que se derivan de los sentimientos, no de la mente, pero que son básicos en la vida. La Suma Sacerdotisa nos mostraba una parte profunda e intuitiva, pero la Emperatriz es pura emoción.

 

La Sacerdotisa y la Emperatriz:

 

En muchas ocasiones tendemos a identificar a la Sacerdotisa como la parte oculta de la mujer, la feminidad, la intuición y a la Emperatriz como a la madre y el mundo terrenal. La Sacerdotisa nos mostrará el espíritu dentro del vientre de la materia, mientras que en la Emperatriz el espíritu renace nuevamente de la carne y crea una nueva entidad que pertenece a las dos.

 

Estos dos arcanos encarnan el principio femenino, presiden conjuntamente los cuatro misterios femeninos: la formación, la preservación, la alimentación y la transformación. Cada una de ellas enfatiza diferentes aspectos, como se puede ver al contrastar los retratos de esas dos hermanas.

 

En la mitología la Sacerdotisa es identificada con Isis y la gestación mientras que la Emperatriz con Demeter/Ceres y la vegetación. La Papisa es la Sacerdotisa y Virgen; la Emperatriz es Madonna y Reina Madre. La Sacerdotisa sirve al espíritu; la Emperatriz hace que el espíritu se cumpla.

 

La Sacerdotisa sostiene el Libro de las Profecías y la Emperatriz cumple y lleva a término estas profecías. Ya no se necesitará el libro, pues el nuevo Rey ha nacido.

 

La Emperatriz como arquetipo del amor y la pasión:  

 

La Emperatriz, al igual que las diosas del Amor en la mitología como Afrodita, Ishtar, Astarté o Erzulie, representan la aproximación de la pasión a la vida. Dan y reciben la experiencia sin imponer ningún control al sentimiento. La Emperatriz como La Gran Madre o Madre Cósmica, es también la sexualidad, pues sin este aspecto la vida no podría ser posible. Ambas surgen del elemento agua de donde viene toda vida. Son diosas que se ocupan a su vez del campo sexual, ya que todas ellas son Estrellas de la Mañana (Venus). Como ejemplo encontramos el poema sumerio de Gilgamesh, que podéis leer aquí, en el que narra cómo una sacerdotisa de Ishtar convirtió al más salvaje de los hombres (siendo casi un animal) en un hombre por la fuerza sexual. En la mitología, vemos también en el ejemplo de Afrodita era no sólo la diosa del Amor, sino también la diosa del Deseo. El Deseo aparece como Venus en Netzach más abajo en el Árbol de la Vida en su expresión objetiva (como Sephira) y vuelve a aparecer el la Tríada Superna en su expresión subjetiva (como sendero), del mismo modo que Mercurio y Luna aparecen en la Tríada de la Personalidad (como Hod y Yesod) y de nuevo en la Superna (como El Mago y La Suma Sacerdotisa). Hay un gran misterio encerrado en este paralelismo.

 

La Emperatriz simboliza el Jardín del Edén/Venus, que todo hombre ha nacido de mujer, aunque no sea el sentido estricto de este arcano. Ella es la puerta para entrar al más allá, al mundo de la Sacerdotisa, secreto que se le comunica por elección.

Nos marca un primer paso hacia la iluminación a través tan sólo de la pasión, pudiendo percibir desde lo más profundo de nuestro interior y no a partir de discusiones intelectuales, el espíritu que llena toda existencia.

 

La representación arquetípica de la Emperatriz es lo que todo hombre puede desear, ya que los deseos están en armonía con alguno de los 12 signos zodiacales, bajo cuya regencia la persona que ama, imagina y desea ha nacido.

Ella establece las normas del Macroprosopus y da a luz al Microprosopus. Es Venus-Afrodita, diosa del Amor.

 

La Emperatriz tiene un significado espiritual, el cetro que sostiene con la mano izquierda (lado inconsciente) y descansa sobre su brazo, simboliza la unión del cielo con la tierra que está coronado con el espíritu. La Emperatriz es instintiva y su sabiduría sale del interior, no desde el cielo, ella conoce todos los secretos y no se deja someter por las leyes de los hombres. Y el águila del escudo, a veces confundida con el Fénix, nos muestra su conexión con el espíritu y la entrada al monte Olimpo. Este animal nos sugiere la liberación, la transformación y es la energía vital de la pareja Imperial, ya que en el Emperador está presente.

 

El poder de la Emperatriz es el AMOR, si invertimos el orbe obtenemos el símbolo de Venus y a su vez, la inclinación del cetro indica la dirección de Venus, puesto que el amor es la fuerza unificadora y regeneradora que conecta yin y yang, espíritu y carne, cielo y tierra, uniendo los opuestos en un abrazo creativo hasta que algo completamente nuevo, pero que incluya a los dos, pueda nacer. Por este motivo, relacionamos a la Emperatriz con diosas como Afrodita, Ishtar, Astarté...

Como dato curioso, cabe señalar que que para la familia de Julio César, su diosa de cabecera era Afrodita, quien tenía representaciones dinámicas, y él la sentó en un trono.

 

La Emperatriz como Madre: 

 

Pero la Emperatriz también simboliza a la madre, pues la maternidad es el medio por el cual la vida continúa en la naturaleza, pero como el vínculo físico entre madre e hijo es tan directo, veremos que el amor maternal es precisamente puro sentimiento. Este concepto de maternidad ligado a la naturaleza es algo que a lo largo de la historia y a través de todas las culturas se ha mantenido, con la expresión de “Gran Madre” describiendo a la Tierra... cuando aún hoy hablamos de la “Madre Naturaleza”. Equivale al arquetipo de la Gran Madre o Madre Cósmica, correspondientes a diosas como Afrodita o Yemayá que surgen del mar.

También representa la abundancia y a la Diosa de la Luz, que también podría interpretarse como la Luz de la Diosa, siendo su ciclo de Belthane a Samhain.

 

En el Apocalipsis de San Juan, éste nos habla de una mujer sentada, revestida de Sol, y se interpreta ese Sol como fuente de vida y creación.

El escudo que lleva la Emperatriz es la protección, mientras que el cetro representa la fijación del poder en la materia.

 

Ella es la Madre Naturaleza, la Madre de Ideas. En el cristianismo, la Virgen María una vez estando embarazada y tras dar a luz a Cristo sería La Emperatriz, y antes de su embarazo sería la Suma Sacerdotisa.

La Gran Madre está vinculada necesariamente con la Tierra, pues todo lo que representa encarnación está vinculado a ella. Todo lo relacionado con la formación de la vida es el imperio de la Emperatriz.

También puede ser llamada Madre de la Luz, pues es la puerta a través la cual la luz de Chokmah pasa.

 

Numerológicamente: 

 

La Emperatriz combina el 1 y el 2 en el 3: el Mundo Natural se combina con el Mago y la Suma Sacerdotisa en una unidad indivisible de vida y muerte, luz y oscuridad... la emoción unifica la actividad del Mago y el instinto de la Suma Sacerdotisa. Además el 3 significa el hijo producido por la unión de ambos, hombre y mujer. El niño nace sin carga de personalidad y ego. Al hacernos mayores levantamos barreras entre nosotros y la vida y a través del viaje arquetípico podemos devolvernos ese estado natural capaz de experimentar directamente el mundo que nos rodea.

 

La Emperatriz es el nexo de unión entre el Mago y la Sacerdotisa, ambos se unen I y II para crear algo nuevo, ella abraza a las dos fuerzas contradictorias, siendo el 3 el primer número real según Pitágoras, y siendo el triángulo. Donde Jung coloca a la Emperatriz en la base, el Mago nos toca con su vara y la Sacerdotisa nos sumerge en el mundo lunar de su vientre y hacemos realidad las ideas concebidas con la Emperatriz.

La Emperatriz trabaja su creatividad uniendo las fuerzas opuestas y dando soluciones a los problemas, ella también es la inspiración en la ciencia ya que para crear necesitamos que surja en el inconsciente, uniendo también la religión siendo todo un solo mundo.

Cabalísticamente el número tres corresponde al triángulo, la asociación hombre-mujer-hijo.

De esta forma, en todas las culturas encontramos diversas tríadas, como por ejemplo:

 

● Triada hinduísta: Brahma, Vishnú y Shiva.

● Triada indoaria: Indra, Varuna y Mithra

● Triada romana: Júpiter, Marte y Quironus

● Triada celta: Esus, Teutales y Taranis

● Tríada cristiana: Padre, Hijo y Espíritu Santo

 

En la filosofía del Tao, encontramos el ying y el yang, que permite la reacción constante de una fuerza con respecto a la otra.

 

El número tres viene a representar los tres mundos bardos definidos por tres círculos, la felicidad, la transmigración y el vacío. Por el contrario, para los druidas eran rayos de luz que tienen como atributos amor, saber y poder. En conclusión sacamos que el número tres representa la fuerza que se transforma y equilibra a cada instante.

 

La imagen del Awen druídico, que en gaélico significa “la inspiración”, es la esencia, la iluminación espiritual, que simboliza también, al igual que la Emperatriz, la armonía entre los opuestos, algo que nos liga de nuevo a la Suma Sacerdotisa, pero que en este arcano se materializa a través de la Naturaleza. El rayo izquierdo simboliza la mujer, el derecho el hombre y el centro la armonía entre ellos.

 

Lentas hormigas de cristal cayendo de mi lengua,

eternidad que se derrama en las efimeras formas,

lava incesante que calcina la medula del mundo,

puerta por donde el ánima penetra en la sangre,

estrella invisible en los rojos puentes del aire,

soy la sagrada actriz, detras de mi no hay nada.

(Jodorowsky en su libro Yo, el Tarot)

 

La Emperatriz es fuerza creadora, tejedora de sueños, realizadora de proyectos.

Es la gran impulsora que termina diciendo TU creas.

 

Visión cabalística: 

 

“El Sendero 14 es la Inteligencia Iluminadora, y recibe ese nombre porque es El Brillante, que es el fundador de las ideas fundamentales y ocultas de santitud y de sus etapas de preparación”

 

El sendero de La Emperatriz conecta Binah, el Entendimiento, con Chokmah, la Sabiduría, es llamado el sendero de la Inteligencia Iluminadora. Chokmah emana la femineidad pura y Binah puede crear todas las formas de vida, por eso a menudo La Emperatriz se representa embarazada. Es la matriz del Universo.

Su letra asociada, Daleth, significa “puerta”, y así la Emperatriz es la puerta de transición entre lo Uno y lo múltiple. La túnica de La Suma Sacerdotisa es diáfana y simple, mientras que la de La Emperatriz está cubierta por todas las joyas de la creación.

Como en todos los senderos de la Tríada de los Supernos, las palabras palidecen para explicar sus significados y hay que hacer un trabajo intuitivo de las imágenes tratando de sentir la emoción pura, una emoción sin sujeto ni objeto, que no es odio ni amor, sino la materia prima de ambas.

 

Lecturas complementarias:

 

El Viaje de Afrodita - Uned

http://www.youtube.com/watch?v=Dpby6ny-JxA

 

Una mirada arquetípica hacia el Arte:


La Primavera, de Sandro Boticcelli, 1477-78

Galleria degli Uffizi, Florencia

 

Estrechamente ligado con el simbolismo de la Emperatriz, animamos al lector a analizar esta obra de arte, con un punto de vista enfocado en el arquetipo que hemos descrito.

“La Primavera” de Sandro Botticelli, nos presenta una alegoría de la creación, de la fertilidad, del amor... con una imagen de Venus en el centro, quien de forma pasiva y serena contempla la evolución de la vida y las pasiones, de lo que simboliza a su vez un rito pagano de primavera, como explica Ernesto Frers en su obra “El Museo Secreto: el mensaje oculto de las obras de arte”.

 

El propio Botticelli estuvo ligado al ocultismo y paganismo renacentistas (hay documentos apócrifos que afirman que fué el Gran Maestre del Priorato de Sión) y vemos en sus obras muchos detalles que pese a estar inspirados en la literatura clásica, presentan composiciones muy herméticas.

 

Concretamente en “La Primavera” Botticelli nos muestra una alegoría, no una estación.

La escena debe leerse de derecha a izquierda, como el hebreo, algunos textos de Leonardo y algunas escrituras herméticas.

 

A la derecha vemos unos árboles retorcidos por la fuerza creadora, doblados por el viento. El mismo dios del viento primaveral, Céfiro, sopla sobre la ninfa Cloris, impulsándola con su soplo divino, de forma que ella se transforma en Flora. Céfiro no representa aquí un dios del Olimpo, sino la fuerza del viento de un mundo subterráneo, quien debe impulsar a la ninfa hacia su transformación. Cloris es la claridad, la luz, la pureza, la inocencia... quien debe iniciar el camino kármico a través de ese impulso, esa energía secreta de la vida que la llevará hacia la perfección espiritual. Es ahí cuando ella se convierte en Flora, coincidiendo dos pies de los dos personajes, simbolizando que dan a la vez un mismo “paso iniciático”. 

Vemos aquí también dos arquetipos femeninos, la dualidad que anteriormente hemos analizado entre la Suma Sacerdotisa y la Emperatriz, escenificados aquí con una metamorfosis, algo también muy sugerente dentro del camino arcano, donde un personaje precede e impulsa al siguiente. Flora lleva rosas en el manto, símbolo del amor y de la pasión, y toda ella está adornada y va esparciendo flores, simbolizando ese poder fecundador que nos muestra la naturaleza.

 

En el centro encontramos a Venus, la diosa del amor, quien contempla de forma pasiva y receptiva toda la imagen, simbolizando a la Venus Urania y a la Venus Genitrix (la fuerza creadora y ordenadora de la Naturaleza). Sobre ella Cupido, con sus atributos característicos, que apunta con su flecha a una de las Tres Gracias: Castitas. Ellas continúan así con la imagen a la izquierda y simbolizan los tres aspectos de la diosa, pues la unidad de Venus se despliega en la Trinidad de las Gracias, quienes entrelazan sus manos en una danza de iniciación, creando un círculo esencial órfico de “emanatio, raptio e remeatio” (dar, aceptar y devolver).

 

En el extremo izquierdo hallamos a Mercurio, el mensajero de los dioses, bastante desligado de la escena, disipando unas nubes con su vara, ligado tan sólo por la mirada que Castitas dirige hacia él. Vemos con su postura análoga al arcano del Mago, que se encuentra uniendo lo de arriba con lo de abajo. Aquí Botticelli no hizo alusión al dios romano, sino en realidad al Hermes griego, dios de la sabiduría y que ya hemos analizado con anterioridad en el trabajo del Mago. Mercurio es el guía de las Tres Gracias, pero también el guía de las Almas hacia el Más Allá. Él vuelve la espalda al mundo para contemplar el Más Allá y representa el Amor divino al que Castitas tiende, pese a no poder deshacerse del nudo de la tríada danzante. Mercurio a su vez regresará al mundo terreno al igual que Céfiro, para iniciar de nuevo los ciclos de la vida y el Amor, impulsados por Céfiro (el soplo) y conducidos por Mercurio (el espíritu) bajo la supervisión de Venus.

 

La interpretación esotérica más aceptada sobre el cuadro es que expresa una descripción hermética del recorrido del ser espiritual en la realidad material del “mundo manifiesto” y es precisamente esa manifestación de lo material la que nos presenta la Emperatriz, femenina, receptiva, fecunda y materializadora, a través del impulso de las pasiones, del amor simbolizado por Céfiro, quien desencadena toda esa metamorfosis del Ser, del alma y de las emociones humanas hasta llegar a la sublimación de la sagrada unión y equilibrio de la materia y el espíritu.

 

Fuentes: 

Rachell Pollack: Los 78 grados del Tarot

Luis Royo: The Labyrinth Tarot

Jean Pierre Bayard: Pequeña Enciclopedia del Tarot

Jose Antonio Portela: Manual práctico de Tarot

Arthur Edward Waite: Claves del Tarot Rider-Waite

Sallie Nichols: Jung y el Tarot. Un Viaje Arquetípico

Robert Wang: The Qabalistic Tarot

Paul Marteau: El Tarot de Marsella

Mark Ryan and John Matthews: The WildWood Tarot

Ernesto Frers: El Museo Secreto: el mensaje oculto de las obras de arte

http://barzaj-jan.blogspot.com.es/2010/04/el-amor-transformador-en-la-primavera.html

Última actualización: 1/Mar/2013
Publicado el 1/Mar/2013

En mi particular Viaje del Héroe (que ahora está tan de moda este término), la Emperatriz me ha enseñado mucho. Pensaba que solo ella creaba y veia solo el lado más positivo en ella... pero me he dado cuenta que ella también destruye para alcanzar el perfecto balance.

Me viene a la mente la escena de la pelicula "Las Nieblas de Avalon", donde Morgana se da cuenta que la Diosa crea y destruye para mantener el equilibrio de todo. Hay cosas que no pueden ser en la naturaleza y al final se acaban revelando. Hay más fuerzas en la naturaleza de las que creemos, el caos, el orden, la vida, la muerte...

También me ha enseñado que la Sacerdotisa y la Emperatriz son las dos caras de una misma moneda, ambas se necesitan y se complementan. Creo que es un detalle que numerologicamente estén una tras la otra y no separadas como la Sacerdotisa y el Sacerdote... aunque como vemos en el artículo... todo tiene una razón de ser.

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