Mitología Hopi: La mujer Araña

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Publicado el 23/Jun/2011

 

Por Freyja: 
Mujer Araña



La Mujer Araña, la que teje la vida, Gran Madre de los indios Hopi nativos de la zona sudoeste de Norte América
Esta Diosa también conocida como Abuela Araña, Diosa Madre generadora de vida en la tierra, con la capacidad creadora de la araña al tejer su tela; pero también con su agresividad. Su tela, es una red en espiral, Simbolizando así el centro del mundo.
En otras tradiciones asume el papel de divinidad que guía a los hombres hacia los mundos superiores. También juega un papel fundamental en un mito que se repite entre las diversas culturas: el robo del fuego a los dioses. La astuta araña se lo entregó a los hombres, a pesar de que Cuervo, Culebra, Búho y Caballo habían fallado previamente (mito Cheroquee).
La leyenda de la Mujer Araña aparece en muchas culturas nativas alrededor del mundo. Los antiguos entendían estas fibras luminosas en un nivel muy profundo, en el cual nos marca la unión entre todos los seres que existimos en este mundo, sea separado por especie o unido por habitad, todos tejemos juntos el mundo en el cual vivimos, a través de la energía y el pensamiento, entendiendo que “la energía sigue al pensamiento”. Cuando la gente dice que somos lo que pensamos, esto es de algún modo verdadero y debemos entender lo que verdaderamente significan estas palabras. Y lo que significan es que, en un nivel, todos somos responsables por cada hilo, por cada fibra que nos conecta
Los indios Hopi cuentan con un espíritu poderoso como aliado, la Mujer Araña es un animal considerado como medicina viviente, fuente de consejos y auxiliador de gente en peligro.
Para las tribus de California es un espíritu vengador que castiga el mal.
Si hablamos de sus mitos les contare que se dice: que al principio solo existían Tawa, el Dios Sol, y Mujer Araña, la Diosa Tierra. Todos los misterios y el poder del cielo pertenecían a Tawa, mientras que Mujer araña controlaba la magia de la tierra.... Al comienzo del tiempo, una chispa de conciencia se encendió en el espacio infinito. Esta chispa era el espíritu del sol, llamado Tawa. Y Tawa creó el primer mundo: una enorme caverna poblada únicamente por insectos. Tawa observó durante unos instantes cómo se movían y sacudiendo la cabeza pensó que aquella población hormigueante era más bien estúpida. Entonces les envió a la Madre Araña que dijo a los insectos:
Tawa, el espíritu del sol que os ha creado, está descontento de vosotros porque no comprendéis en absoluto el sentido de la vida. Así que me ha ordenado que os conduzca al segundo mundo, que está por encima del techo de vuestra caverna.
Los insectos se pusieron a trepar hacia el segundo mundo. La ascensión era larga, tan larga y tan penosa que, antes de llegar al segundo mundo, muchos de ellos se habían transformado en animales poderosos. Tawa los contempló y dijo:
Estos nuevos vivientes son tan estúpidos como los del primer mundo. Tampoco parecen capaces de comprender el sentido de la vida.
Entonces pidió a la Madre Araña que los condujera al tercer mundo. En el transcurso de este nuevo viaje algunos animales se transformaron en hombres. La Madre Araña enseñó a los hombre la alfarería y el arte del tejido. Los instruyó convenientemente y en la cabeza de hombres y mujeres comenzó a despuntar un destello, una vaga idea del sentido de la vida. Pero los brujos malvados, que sólo se sentían a gusto en las tinieblas, extinguieron aquel destello de luz y cegaron a los humanos. Los niños lloraban, los hombres peleaban y se lastimaban: habían olvidado el sentido de la vida. Entonces la Madre Araña volvió a ellos y les dijo:
Tawa, el espíritu del sol, está muy descontento de vosotros. Habéis desperdiciado la luz que había brotado en vuestras cabezas. Por consiguiente, deberéis ascender al cuarto mundo. Pero esta vez, tendréis que encontrar por vosotros mismos el camino.
Los hombres, perplejos, se preguntaban cómo podrían subir al cuarto mundo. Durante largo tiempo permanecieron en silencio. Al fin, un anciano tomó la palabra:
Creo haber oído ruido de pasos en el cielo.
Es cierto -asintieron los demás-. También nosotros hemos oído el caminar de alguien allá arriba.
Así pues, enviaron al «pájaro gato» a explorar el cuarto mundo que parecía habitado. EI pájaro gato se coló por un agujero del cielo y pasó al cuarto mundo, donde descubrió un país semejante al desierto de Arizona. Sobrevoló el país y divisó a lo lejos una cabaña de piedra. Al aproximarse, vio delante de la cabaña a un hombre que parecía dormir, sentado contra la pared. El pájaro gato se posó junto a él y el hombre despertó. Su rostro era extraño, pavoroso; completamente rojo, cubierto de cicatrices, quemaduras y costras de sangre, con unos trazos negros pintados sobre los pómulos y sobre la nariz. Sus ojos estaban tan hundidos en las órbitas que eran casi invisibles, a pesar de lo cual el pájaro gato vio brillar en ellos un resplandor aterrador. Reconoció a aquel personaje: era la Muerte. La Muerte miró detenidamente al pájaro gato y le dijo gesticulando:
¿No tienes miedo de mí?
No-respondió el pájaro-. Vengo de parte de los hombres que habitan el mundo que está debajo de éste. Quieren compartir contigo este país. ¿Es eso posible?
La Muerte reflexionó unos momentos.
Si los hombres quieren venir -dijo finalmente con aire sombrío-, que vengan.
El pájaro gato volvió a bajar al tercer mundo y contó a los hombres lo que había visto.
La Muerte acepta compartir con vosotros su país-les comunicó.
¡Gracias le sean dadas! -respondieron los hombres-. ¿Pero cómo podremos subir hasta allá arriba? Pidieron consejo a la Madre Araña y ésta les dijo:
Plantad un bambú en el centro de vuestro poblado y cantad para ayudarle a crecer.
(cabe aclarar que en las otras dimensiones no existía la muerte solo en la nuestra)
Así hicieron los hombres y el bambú creció. Cada vez que los cantores tomaban aliento entre dos estrofas, se formaba un nudo en el tallo del bambú. Cantaban sin cesar y la Madre araña danzaba y danzaba para ayudar a que el bambú creciera bien derecho. Del alba hasta el crepúsculo cantaron sin tregua hasta que, por fin, la Abuela Araña exclamó:
¡Mirad! ¡La punta del bambú ha pasado por el agujero del cielo!
Entonces los hombres empezaron a trepar por el bambú, alegres como niños. Nada llevaban consigo, estaban desnudos, tan desprovistos como el primer día de su vida.
¡Sed prudentes! -les gritó la abuela-. ¡Sed prudentes!
Pero ya no le oían, estaban demasiado arriba. Alcanzaron el cuarto mundo y en él construyeron poblados, plantaron maíz, calabazas y melones, hicieron jardines y huertos. Y esta vez, para no olvidar el sentido de la vida, pasaron la historia por generaciones para que jamás fuera olvidada.
Otro Mito de la Creación de la Vida por Parte de la Madre Araña nos dice que la Mujer Araña recogió tierra, de cuatro colores: amarilla, roja, blanca y negra. La mezcló con túchvala, saliva, la moldeó y la cubrió con la sustancia blanca de su capa, la sabiduría creativa misma. Al igual que antes entonó la Canción de la Creación sobre las formas. Al destaparlas eran seres humanos creados a la imagen de Sótuknang. Luego creó otros cuatro seres con su propia forma. Eran vrúti, compañeras para los primeros cuatro seres varones.
Cuando Mujer Araña quitó la capa las formas cobraron vida. Corría la hora de la oscura luz morada, Qoyangnuptu, la primera fase del amanecer de la Creación, primera revelación del misterio de la creación humana.
Pronto despertaron y empezaron a moverse. Sin embargo, sus frentes todavía estaban húmedas, y un punto blando coronaba sus cabezas. Corría la hora de la luz amarilla, Síkangnuqa, la segunda fase del amanecer de la Creación, cuando el aliento de la vida llenó al hombre.
Al poco tiempo el Sol apareció en el horizonte. Secó la humedad en sus frentes y endureció el punto blando de sus cabezas. Corría la hora de la luz roja, Tálauva, la tercera fase del amanecer de la Creación, cuando el
hombre, terminado de formar y sólido, con orgullo volvió la cara hacia su Creador.
—Es el Sol —dijo Mujer Araña—. Por primera vez se encuentran con su Padre el Creador. Siempre deberán recordar y observar estas tres fases de su Creación. La hora de las tres luces, la morada oscura, la amarilla y la roja, que revelan el misterio, el aliento de la vida y el calor del amor. En ellos consiste el plan de vida que el Creador tiene para ustedes.
Como podemos ver, existe una enorme similitud entre las diferentes culturas Prehispánicas, Para los Aztecas somos la Cuarta Generación, para los Mayas somos los hijos del Quinto Sol, el mismo pensamiento se comparte con la cultura Peruana. Para Todos ellos estamos al borde de la Quinta Era. Y para todos existe un principio Femenino o Diosa Madre Protectora.
Próximamente posteare la Canción de La Creación para compartirla con Ustedes
Bibliografía:
Instituto de Rene Guenon
El Libro de los Hopis.- Frank Waters
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Última actualización: 23/Jun/2011
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