El sistema energético y los cuerpos no materiales del hombre

Etiquetas:

1. Corriente / Sistema » Orientalismo » Chakras » Varios

2. Tipo de contenido » Teoría

3. Dificultad » Magia para aprendices

Publicado el 12/Jun/2011

 

El sistema energético y los cuerpos no materiales del hombre

La mayoría de las personas consideran el mundo de la materia y, por tanto, también el
cuerpo físico como la única realidad, pues es el único que pueden percibir a través de los
sentidos físicos y captar con el raciocinio. Sin embargo, al ojo clarividente que mira a una
persona se le abre un sin fín de estructuras energéticas, movimientos energéticos, formas y colores, que se hacen visibles dentro y alrededor del cuerpo físico.
Si tú te encuentras entre esas personas que sólo pueden aceptar como realidad el cuerpo
material, piensa en todo lo que sucede con la energía, con la fuerza vital que da vida a un
cuerpo físico y que le proporciona sensaciones y capacidad de expresión, cuando ese cuerpo
muere. Una ley física afirma que, en el universo, la energía no se destruye, sino que
únicamente puede transformarse en otras formas de energía. La energía que actúa detrás de la manifestación material del cuerpo y sus funciones y capacidades está compuesta por un sistema energético complejo sin el cual no podría existir el cuerpo físico. 
Este sistema energético está formado por tres componentes fundamentales:
1 ) Los cuerpos no materiales o cuerpos energéticos.
2) Los chakras o centros energéticos.
3) Los nadis o canales energéticos.
En este sistema los nadis constituyen una especie de arterias intangibles. La palabra
«nadi» procede del sánscrito y significa aproximadamente «tubo», «vaso» o «arteria». Su
función consiste en conducir el «prana» o energía vital a través del sistema energético no
material.
La palabra sánscrita «prana» puede traducirse por «energía absoluta». En el ámbito
cultural chino y japonés esta fuerza vital universal se denomina «chi» o «ki». Representa la fuente original de todas las formas energéticas y se manifiesta en diferentes áreas
existenciales mediante frecuencias distintas. Una de sus manifestaciones es la respiración,
una de las formas por las que podemos absorber «prana» dentro de nosotros.
El plano de la consciencia de toda forma viva depende de las frecuencias del «prana» que
puede absorber y almacenar. Así, por ejemplo, en los animales encontramos gamas de
frecuencia más bajas que en el hombre, y en los hombres desarrollados hallamos
frecuencias superiores a las que encontramos en personas que se encuentran al principio de su desarrollo.
A través de los chakras, los nadis de un cuerpo energético están unidos con los nadis del
cuerpo energético vecino. Algunos textos indios y tibetanos antiguos mencionan el número
de 72.000 nadis; otros escritos históricos hablan de 350.000 nadis. Los canales energéticos más importantes son: «sushumna», «ida» y «pingala». Los chinos y japoneses conocen un sistema similar de canales energéticos que denominan meridianos (del conocimiento de estos meridianos se desarrolló
la acupuntura).
En el sistema energético del hombre los chakras sirven de estaciones receptoras,
transformadoras y distribuidoras de las diferentes frecuencias del «prana». Absorben,
directamente o a través de los nadis, las energías vitales de los cuerpos energéticos no
materiales del hombre, de su entorno, del cosmos y de las fuentes que son el fundamento de cualquier manifestación, la transforman en las frecuencias que necesitan las diferentes áreas del cuerpo físico o de los cuerpos inmateriales para su conservación y desarrollo, y la
retransmiten a través de los canales energéticos. Además, irradian energías al entorno.
Mediante este sistema energético, el hombre efectúa un intercambio con las fuerzas que
actúan en los diferentes planos del ser en su entorno, en el universo y en la base de la
creación.
En general, se distinguen cuatro cuerpos energéticos:
1 ) El cuerpo etérico.
2) El cuerpo emocional o astral.
3) El cuerpo mental.
4) El cuerpo espiritual o causal.
Cada uno de estos cuerpos no materiales posee su propia frecuencia de vibración
fundamental. El cuerpo etérico, que es el más cercano al cuerpo físico, vibra con la
frecuencia más baja. Los cuerpos astral y mental poseen a su vez frecuencias mayores, y en el cuerpo causal podemos encontrar representados los índices de vibración máximos.
Cada uno de estos cuerpos se asemeja a un baile de energías dentro de su propia gama
de vibraciones, en el cual las frecuencias aumentan constantemente a lo largo del desarrollo y perfeccionamiento de una persona. Los cuerpos energéticos representan portadores de conciencia en determinados planos de vibración, y cuando su índice de vibración aumenta
transmiten al hombre energías vitales, sensaciones y conocimientos superiores dentro de su ámbito de funciones específico.
Sin embargo, los diferentes cuerpos energéticos no están totalmente separados entre sí.
Se interpenetran mutuamente mientras cada uno vibra dentro de su propia gama de
frecuencias, de forma que incluso un clarividente sólo podrá distinguirlos ajustando su
capacidad de clarividencia a la esfera correspondiente. Por ejemplo, para poder observar el
cuerpo astral tendrá que dirigir su mirada clarividente a la esfera astral; si desea percibir el
cuerpo mental, debe ajustarse a la esfera mental, etcétera.

El cuerpo etérico

El cuerpo etérico posee aproximadamente la misma extensión y forma que el cuerpo físico.
Por ello también se encuentra la denominación de «doble etérico» o «cuerpo físico interior».
Es el portador de las fuerzas modeladoras para el cuerpo físico, así como de la energía vital
creadora y de todas las sensaciones físicas.
El cuerpo etérico se forma de nuevo en cada reencarnación del hombre, y vuelve a
disolverse en el plazo de tres a cinco días después de su muerte física (el cuerpo astral, el
cuerpo mental y el cuerpo causal continúan existiendo después de la muerte, y en cada
nueva encarnación se unen otra vez al recién formado).
El cuerpo etérico atrae energías vitales del sol a través del chakra del plexo solar, y
energías vitales de la tierra a través del chakra basal. Acumula estas energías y, a través de los chakras y los nadis, las conduce al cuerpo físico en flujos vitales ininterrumpidos. Las dos formas de energía se encargan de mantener un equilibrio vivo en las células corporales.
Cuando el «hambre de energía» del organismo está saciado, la energía sobrante del cuerpo
etérico se irradia hacia fuera a través de los chakras y de los poros. Sale a través de los
poros en filamentos de energía rectos de aproximadamente 5 centímetros de longitud y
constituye el aura etérica, que, por lo general, es la primera fracción del aura total percibida por las personas clarividentes. Estos rayos se disponen en torno al cuerpo físico formando como un manto protector. Impiden a los gérmenes patógenos y a los contaminantes penetrar en el cuerpo, y simultáneamente irradian un flujo constante de energía vital hacia el entorno.
Esta protección natural significa que, básicamente, una persona no puede enfermar debido
a causas de origen externo. Las razones de una enfermedad radican siempre en ella misma.
Los pensamientos y emociones negativos, y una forma de vida que no esté en consonancia
con las necesidades naturales de cuerpo (sobreesfuerzo, alimentación insana, abuso de
alcohol, nicotina y drogas), pueden consumir la energía vital etérica, por lo que la irradiación energética natural perderá intensidad y vigor. De esta forma surgen zonas débiles en el aura.
Los filamentos energéticos mencionados aparecen doblados o se sobrecruzan en formas
desordenadas. El clarividente puede reconocer «agujeros» o «grietas» en el aura, a través
de los cuales pueden penetrar en el cuerpo las vibraciones negativas y las bacterias
causantes de enfermedades. Además, la energía vital puede «escapar» de la zona no
material a través de estas heridas.
Debido a esta estrecha relación existente entre el estado de cuerpo físico y la radiación
energética del cuerpo etérico, a menudo se habla también de un aura de la salud. Antes de
manifestarse en el cuerpo físico, las enfermedades se manifiestan en el aura etérica. Y
pueden ser detectadas y tratadas en este plano. La denominada fotografía Kirlian consiguió
hacer visible por primera vez esta radiación energética, propia de cada ser vivo. Basándose
en este invento, se han hecho diagnósticos muy precisos y se han detectado enfermedades incluso cuando aún se encontraban en fase latente.
El cuerpo etérico, y con él el cuerpo físico, reaccionan de forma particularmente intensa a
los impulsos mentales que proceden del cuerpo mental. Aquí estriba la razón de los éxitos
que el pensamiento positivo tiene sobre la salud. Nosotros podemos favorecer la salud de
nuestro cuerpo utilizando prudentemente las sugestiones positivas.
Otra función importante del cuerpo etérico consiste en servir de intermediario entre los
cuerpos energéticos superiores y el cuerpo físico. Transmite al cuerpo emocional y al cuerpo mental las informaciones que recogemos a través de los sentidos corporales, y
simultáneamente transmite energías e informaciones desde los cuerpos superiores al cuerpo físico. Cuando el cuerpo etérico se encuentra debilitado, este flujo de información y energía se halla obstaculizado, y el hombre puede parecer indiferente tanto en el plano emocional como en el mental.

El cuerpo emocional
El cuerpo emocional, con frecuencia denominado también cuerpo astral, es el portador de
nuestros sentimientos, de nuestras emociones y de las cualidades de nuestro carácter;
ocupa aproximadamente el mismo espacio que el cuerpo físico. En una persona poco
desarrollada, sus contornos están poco delimitados: el cuerpo emocional se presenta como
una sustancia nebulosa que se mueve caótica y desordenadamente en todas las direcciones.
Cuanto más desarrollada esté una persona en la definición de sus sentimientos, sus
simpatías y las cualidades de su carácter, tanto más claro y transparente se manifestará su
cuerpo emocional. El clarividente puede observar un contorno nítidamente marcado que se
adapta perfectamente a la forma del cuerpo físico.
El aura del cuerpo emocional presenta una forma ovalada y puede extenderse a varios
metros de distancia en torno a la persona. Toda emoción se irradiará en su aura
correspondiente a través del cuerpo emocional. Este proceso se produce fundamentalmente a través de los chakras, y en menor medida a través de los poros. El aura emocional está inevitablemente en movimiento. Junto a las peculiaridades del carácter fundamentales y relativamente constantes que se reflejan como los colores esenciales permanentes del aura, cada sentimiento instantáneo, cada estimulo del ámbito de las emociones, se reflejará en el aura. Es un juego indescriptible de colores irisados que cambian constantemente con toda clase de matices. Por ejemplo, emociones como la angustia, la furia, la opresión y las preocupaciones generan en el aura figuras nebulosas oscuras. Cuanto más abre una persona su conciencia al amor, la entrega y la alegría, más claros y transparentes son los colores que irradia su aura emocional.
Ninguno de los otros cuerpos no materiales marca con tanta fuerza como el cuerpo
emocional la visión del mundo y de la realidad del hombre medio. En el cuerpo emocional se hallan almacenadas, entre otras, todas nuestras emociones no liberadas, las angustias y
agresiones conscientes e inconscientes, las sensaciones de soledad, rechazo y falta de
autoconfianza, etc.: emiten sus vibraciones a través del aura emocional y transmiten el
mensaje inconsciente que enviamos al mundo exterior. Y aquí es donde se realiza el
principio de la atracción mutua. Las frecuencias energéticas que emitimos atraen vibraciones energéticas iguales del entorno y se unen con ellas. Esto significa que, con frecuencia, nos encontraremos con personas y circunstancias que precisamente reflejan aquello que nosotros queremos evitar o de lo que queremos librarnos conscientemente, o aquello que tememos. De esta forma, el entorno nos sirve como espejo para todos aquellos elementos que hemos relegado desde nuestra vida consciente a las áreas del inconsciente.
Efectivamente, los sentimientos no liberados del cuerpo emocional aspiran a mantenerse con vida y a crecer dentro de lo posible. Así nos llevan una y otra vez a situaciones que se
encargan de repetir las vibraciones emocionales originales, puesto que esas vibraciones son
como su alimento.
La frecuencia de la angustia en una persona atrae situaciones en las que ve confirmada
una y otra vez su angustia. Si esa persona encierra en si agresiones, siempre encontrará
personas que exteriorizan las vibraciones de furia y agresión. Por ejemplo, si nos hemospropuesto no decir palabrotas en determinadas situaciones, pero sin haber liberado la agresión dentro de nosotros, puede suceder que alguien de nuestro alrededor comience
inesperadamente a decir palabrotas.
El pensamiento consciente y los objetivos mentales del cuerpo mental tienen poca
influencia sobre el cuerpo emocional, que sigue sus propias leyes. El cuerpo mental puede
dirigir el comportamiento hacia el exterior, pero no suprimir las estructuras emocionales
inconscientes. Así, por ejemplo, una persona puede aspirar conscientemente al amor o el éxito, e inconscientemente irradiar frecuencias energéticas contradictorias de celos y falta de autoconfianza, que le impedirán alcanzar su objetivo consciente.
Las estructuras emocionales continúan existiendo a través de las diferentes encarnaciones
siempre que no se liberen, puesto que el cuerpo emocional perdura después de la muerte
física y se une en la reencarnación con el nuevo cuerpo físico. Las experiencias no
liberadas almacenadas en el cuerpo emocional determinan en gran medida las
circunstancias de la nueva vida.
Cuando hayamos comprendido realmente y de una vez por todas estas relaciones,
debemos cesar obligatoriamente de vernos en el «papel de víctimas» y de atribuir la culpa de nuestras debilidades y miserias a otras personas o a las circunstancias. Eso significa en si mismo una gran liberación, puesto que entonces ya sabemos que tenemos gran parte de
nuestro destino en nuestras propias manos, y podemos empezar a cambiar nuestra vida
cambiándonos a nosotros mismos.
La mayor proporción de «nudos emocionales» del cuerpo emocional se encuentra
localizada en la zona del chakra del plexo solar. Este chakra nos proporciona el acceso más
directo a nuestras estructuras emocionales a través de la vivencia inmediata. Sin embargo, si queremos percibir y conocer estas estructuras mediante el entendimiento consciente,
debemos traspasar los contenidos del chakra del plexo solar con la forma de manifestación
suprema del cuerpo mental, la visión intuitiva, a la que tenemos acceso a través del chakra
frontal. Pero ni siquiera esto significa una liberación real. Una disolución de las estructuras
emocionales sólo puede producirse a través del cuerpo espiritual, que manifiesta la
sabiduría, el amor y la bendición de nuestro yo superior, permitiendo al mismo tiempoconocer las relaciones interiores partiendo de la visión universal y holística de dicho yo. Este vínculo podemos establecerlo a través del chakra del corazón y del chakra coronal.
El yo superior no enjuicia, no divide las experiencias en «buenas» y «malas». Nos indica que tenemos que recorrer determinadas experiencias sólo para comprender qué sentimientos y acciones tienen como consecuencia una separación de la mente divina original, causando con ello sufrimiento, y para comprender y aprender a entender las leyes cósmicas del equilibrio natural. En los ámbitos de la vida en los que hoy nos consideramos «víctimas», en anteriores encarnaciones nosotros fuimos con gran frecuencia los «autores».
También en la terapia de los chakras tiene una importancia decisiva una actitud interior en
la que afirmamos todas las experiencias y contenidos del cuerpo emocional y en la que
contemplamos las imágenes y sensaciones que aparecen espontáneamente, sin rechazar o
enjuiciar nada de ello, puesto que de esta forma nuestro yo superior puede asumir él
«mando» e imbuir en todo nuestro ser las energías espirituales de nuestro cuerpo energético supremo.
Cuando las vibraciones de nuestro cuerpo espiritual se unen con el cuerpo emocional y lo
penetran, éste comienza a vibrar más rápidamente y empieza a expulsar las energías
negativas almacenadas, que tienen frecuencias menores. Con ello perdemos el recuerdo
emocional de estas experiencias y podemos perdonarnos a nosotros mismos y a los demás.
A medida que aumenta la disolución de las estructuras emocionales estancadas, el cuerpo
emocional comienza a irradiar profundos sentimientos de amor y de alegría incondicional. El aura emocional luce con los colores más claros, intensos y transparentes, y los mensajes
que emite al entorno atraen la felicidad y el amor. Una capacidad rayana en lo milagroso para atraer todo lo deseado es la consecuencia natural de un cuerpo emocional plenamente integrado que vibra con las frecuencias máximas que le son posibles.

El cuerpo mental
Nuestros pensamientos e ideas, y nuestros conocimientos racionales e intuitivos, son
portados por el cuerpo mental. Su vibración es mayor que la del cuerpo etérico y la del
cuerpo emocional, y su estructura es menos compacta. Es de forma ovalada, y en el
desarrollo superior del hombre su volumen puede extenderse hasta ocupar aproximadamente el mismo espacio que el cuerpo emocional y el aura emocional juntos. La irradiación áurica del cuerpo mental tiene un alcance de unos cuantos metros más.
En una persona poco desarrollada mentalmente, el cuerpo mental tiene la apariencia de
una sustancia blanca lechosa. Los pocos colores existentes son apagados y sin brillo, y su
estructura aparece relativamente opaca. Cuanto más vivos son los pensamientos y cuanto
más profundos son los conocimientos intelectuales de una persona, tanto más claros e
intenso son los colores que irradia su vehículo mental.
Al igual que el cuerpo emocional, el cuerpo mental también posee una octava mayor y una
octava menor. Sus frecuencias menores se manifiestan en el pensamiento lineal del
entendimiento racional, a través del cual buscan su acceso a la verdad la mayoría de las
personas. Este tipo de actividad racional se basa en las percepciones del plano físico. Junto
a esto, el cuerpo físico y sus sentidos recogen informaciones que transmiten al cuerpo
emocional a través del cuerpo etérico; el cuerpo emocional transforma las informaciones en sentimientos y los retransmite después al cuerpo mental, que, a su vez, reacciona ante ellos con la formación de pensamientos verbales.
Con frecuencia, debido a la influencia del cuerpo emocional y de sus estructuras
emocionales no liberadas, las informaciones se distorsionan y el pensamiento se tiñe. Surgen esquemas mentales recurrentes a través de los cuales enjuiciamos los acontecimientos de nuestro mundo. Esto significa que el entendimiento racional no es ni mucho menos imparcial y objetivo, aun cuando se arrogue esa cualidad.
Los pensamientos que surgen en el cuerpo mental por esta vía generalmente giran en torno al bienestar personal y a los intereses del devenir terrenal y mundano. En este caso la solución racional de los problemas se convierte en la función principal del cuerpo mental. Sin embargo, esto significa una distorsión de su carácter original y una limitación de sus
capacidades.
La auténtica función del cuerpo mental consiste en recoger las verdades universales que le
llegan del plano del cuerpo espiritual e integrarlas con el entendimiento racional, que las
transfiere a las situaciones concretas y lleva a una solución del problema en consonancia con las leyes universales.
Los conocimientos que de esta forma nos llegan del plano espiritual de nuestro ser se
manifiestan como intuición en forma de intuiciones repentinas, a menudo en imágenes o
incluso en sonidos que después se transforman en pensamientos verbales. Nos permiten
mirar al interior de la auténtica naturaleza de las cosas y tienen una estructura holográfica, al contrario que el entendimiento lineal que parte de la concepción racional.
El acceso a la octava superior del cuerpo mental lo encontramos en una unión del chakra
frontal con el chakra coronal. Si el cuerpo mental está plenamente desarrollado, se convierte en el espejo del cuerpo espiritual, y el hombre realiza en su vida la sabiduría y el
conocimiento integral del yo superior.
El cuerpo espiritual
El cuerpo espiritual, a menudo denominado también cuerpo causal, es el que mayor
frecuencia de vibración posee de todos los cuerpos energéticos. En personas que aún son
demasiado inconscientes en el plano espiritual se extiende conjuntamente con su aura sólo un metro aproximadamente alrededor del cuerpo físico. Por contra, el cuerpo y el aura
espirituales de personas totalmente despiertas pueden irradiar hasta varios kilómetros de
distancia, con lo cual la forma ovalada original se transforma en un circulo regular.
Si has tenido alguna vez la oportunidad de estar en presencia de un maestro iluminado, tal
vez habrás observado que la atmósfera cambiaba repentinamente cuando te alejabas
algunos kilómetros de él. La experiencia de la luz, de la plenitud y del amor que puede
llenarte en la cercanía de un maestro pierde su intensidad tan pronto como sales del área de su aura.
El cuerpo espiritual y su aura irradian en los colores más suaves, que al mismo tiempo
poseen una fuerza de iluminación indescriptiblemente profunda. Del plano espiritual del ser
fluye incansablemente la máxima y más radiante energía hacia el cuerpo espiritual. A medida que esta energía va transformándose en frecuencias menores, inunda también el cuerpo mental, el cuerpo emocional y el cuerpo etérico. Aumenta las vibraciones de estos cuerpos, de forma que en su ámbito de acción correspondiente pueden encontrar su máxima forma de expresión. Hasta qué punto podamos percibir conscientemente, absorber y aprovechar esta energía depende del desarrollo de los chakras.
A través del cuerpo espiritual experimentamos la unidad interior con toda la vida. Nos une
con el ser puro y divino, con la razón original omnipresente de la que han surgido y continúan surgiendo todas las manifestaciones en la creación. Desde este plano tenemos un acceso interior a todo cuanto existe en la creación.
El cuerpo espiritual es esa parte divina que hay en nosotros que es inmortal y que perdura
a toda la evolución, mientras los demás cuerpos no materiales se disuelven paulatinamente a medida que el hombre va desarrollándose a través de los niveles de conciencia que exige una existencia en el plano terrenal, en el plano astral y en el plano mental.
Sólo a través del cuerpo espiritual es posible conocer la fuente y el destino de nuestra
existencia y comprender el auténtico sentido de nuestra vida. Cuando nos abrimos a sus
vibraciones nuestra vida cobra una calidad completamente nueva. En todas nuestras
acciones somos llevados por nuestro yo superior, y nuestra vida manifiesta la sabiduría, la
fuerza, la bendición y el amor universal, que representan las cualidades naturales del
aspecto supremo de nuestro yo.
Última actualización: 21/Jul/2011
Publicado el 21/Jul/2011

Extraordinario compendio de sabiduría, enhorabuena por este artículo, especialmente clarificante en las referencias al cuerpo espiritual y sentimental, y a las interrelaciones entre los cuerpos mental y sentimental y las vibraciones que emiten.

Sobre la conexión con el cuerpo espiritual de una persona muy desarrollada creo que se puede realizar también a muchos kilómetros de distancia, sólo con evocarla o pensar en ella. ¿No?

Cerrar